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Tralalí Tralalá: Quilapayún | Elegidos del Casero

La música es algo que va evolucionando, y muchas bandas comprenden eso. Algunas toman el concepto de cambio por términos de moda, otros lo usan para adaptarse a las corrientes más alternativas. Sin embargo, hay grupos que se ven obligados a tomarlo por conceptos filosóficos y políticos, y que se mezclan con su propia coyuntura.

Quilapayún, uno de los grupos chilenos que cimentó lo que hoy llamamos La Nueva Canción Chilena, llevaba más de una década en el exilio, luego de que Augusto Pinochet asumiera con sangre el gobierno del largo y angosto país, y las cosas no eran iguales a cuando se vieron forzados a no volver a su tierra. En 1979 ya se habían distanciado totalmente del Partido Comunista luego de ver como las revoluciones que ellos tanto pedían contenían tanta sangre como el fascismo que veían en tierras como España o en la misma Latinoamérica. El haber conocido a gente como Julio Cortázar y Roberto Matta causó que Eduardo Carrasco, director artístico de la banda, planteara una nueva forma de ver el arte, una mirada que lo ponía por sobre la contingencia, esto fue denominado como “La revolución y las estrellas”, concepto que fue plasmado primeramente en el álbum de 1982 del mismo nombre.

1984 fue un año en que los cambios del grupo se reafirmaron. La entrada definitiva del joven compositor Patricio Wang le da nuevos aires a la idea de Carrasco, y esto se ve plasmado en el disco Tralalí Tralalá (llamado así por un verso de Vicente García Huidobro). Este trabajo amplía la gama de sonidos del conjunto, agregando incluso baterías a algunas piezas y probando nuevas formas de metáforas, además de incluir algunas piezas más complejas que no se oían desde su incursión en el género de la cantata aquel año 1970, cuando lanzaron su renombrada Cantata Popular Santa María de Iquique.

Hay instrumentales notables como “Papaya Rock”, donde la calma va presagiando momentos de incertidumbre, pero que musicalmente se resalta como una gran introducción, con una batería marcando breves compases, mientras que “Sencillo” y “Rondo de Bach” nos dan el acostumbrado sello que Quilapayún ya ha probado en obras anteriores. Pero es “Transiente” el que se realza como uno de los mejores momentos del disco, con complejos compases tocados en quenas, mientras un piano va envolviendo todo, tornando todo de una oscuridad implacable.

Los temas cantados vuelven a lo social y político, con “Es el colmo que no dejen entrar a la Chabela” siendo una protesta sobre el exilio, la negación a dejar que Isabel Parra, la hija de Violeta y cantautora chilena, pueda entrar al país, y que suena como un canto de guerra gracias a los arreglos que Patricio Wang entrega a las letras de Carrasco.  “Re-volver” es un tango cantado por Willy Oddo, quien da su alma entera en estos versos: “Volver, sedientos del amanecer. Volver al sitio de amar. Volver, con tanta espera sin abrir. Volver a ti, ¡volver!” dice Willy sobre el sentimiento de querer reencontrarse con esa tierra dejada atrás. “Complainte de Pablo Neruda” contiene versos interpretados completamente en francés, idioma que ya tienen asimilado por sus años residiendo en las tierras donde aquel es el lenguaje materno, mientras que “Canción del llamado” nos pone un hermoso paisaje vocal y de guitarras, siendo un simple momento que se destaca como uno de los puntos altos de este disco.

Pero hablemos de la pieza central, la cantata compuesta por Patricio Wang y grabada en partes debido a su complejidad: “Oficio de tinieblas por Galileo Galilei”. Esta mini suite de casi diez minutos es uno de los mejores temas grabados por el conjunto, y el solo escucharlo se explica el por qué. Líneas vocales que se confrontan con la voz solista de Guillermo García, quien canta en la piel de Galileo enfrentando a los inquisidores católicos, versos complejos que son interpretados con una métrica perfecta, interludios instrumentales sublimes y una letra donde se juega con la protesta, pero de una forma inteligente, convirtiéndola totalmente en lo que Carrasco quería a estas alturas: ARTE.

Este disco ha sufrido de alteraciones en muchos países, y en Chile nunca fue publicada (Sólo se distribuyó a través del mercado negro debido a la censura impuesta por Pinochet, pero ni siquiera en las reediciones se llevó al país, y algunos temas fueron colocados como bonus tracks en otros trabajos de la banda), y además no tuvo el éxito que se hubiese deseado, ya que muchos no entendieron el cambio estético de Quilapayún. Tralalí Tralalá es de esas joyas ocultas que merecen un reconocimiento, debido a la complejidad de sus piezas y sus ideas innovadoras. En resumen, un vuelco de tuerca a la Nueva Canción Chilena que sirvió para expandir las ambiciones artísticas del conjunto y de aquel movimiento musical. La huella de la evolución que Chile y el resto del mundo merecen conocer y comprender.

Pablo Rojas

Se supone que estudio Periodismo. Al menos eso dice la credencial de mi Universidad... ¡Sabia que debi doblar a la izquierda en Albuquerque! En twitter puedes hallarme como @sr_Alga