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The Most Lamentable Tragedy: Titus Andronicus | Reseña

Nota9
9

Titus Andronicus debe ser una de las pocas bandas de esta generación que ha logrado el estatus de mítica. Es un puesto extraño que no lo da la fama –míticos no son ni los Arctic Monkeys ni los Foo Fighters- sino que algo mucho más complicado. Todo parece estar en el carisma, en esa personalidad tan marcada e inexplicable que han tenido grupos como los Guided by Voices o la Velvet Underground ¿Qué nos hace querer leer cada trocito de entrevista que da Phil Elverum? ¿Qué nos llama a indagar en cada beat que dejó Dilla? Puede ir en el secretismo de estos artistas, en su incomprensible relación con el mundo o su obtusa discografía. La verdad es que todo está en la música, y con The Most Lamentable Tragedy los Titus Andronicus alcanzan con total merecimiento el título de una banda mítica.

Bruce Springsteen cerraba su genial “Thunder Road” escapando de un pueblo lleno de perdedores. Escapaba para ganar, o eso decía él. Lo que el oriundo de Nueva Jersey no sabía era que un par de décadas después, un estudiante de literatura y su grupo de amigos -del mismo estado que the boss- gritaría a todos los vientos posibles que estaba bien ser un perdedor, que los vagos como ellos habían nacido para morir y que, pasara lo que pasara, el enemigo estaría en todos lados así que ¿Por qué correr?

Con The Monitor (2010) pareciera que Titus Andronicus cantaba con orgullo su himno al fracaso, con pomposidad y grandeza aceptaban lo peor de la vida y hacían de ello un pedazo de arte intenso e interesante. Era el choque entre el alto y el bajo arte que ahora, cinco años después, vuelve a impactar de forma aún más gigantesca, sucia y, ante todo, dolorosa en la ópera-rock que es The Most Lamentable Tragedy. Es hora de empacar lo incontenible, así que prepárense para un par de explosiones.

Se trata de un disco largo, partamos por eso. Partamos después de tres párrafos, porque hay que tomarse el tiempo con álbumes como este. Son 90 minutos en los que este grupito de punkies norteamericanos nos arrastra de hocico por el pavimento, nos grita y nos eleva en solos intensos, melodías tan repetitivas como constantemente cambiantes y pequeños lapsus de silencio entre medio de tracks que superan varias veces los seis minutos. Todo en dosis que nos mantendrán pegados a los parlantes cada segundo que estos no nos estén empujando contra la pared.

La narrativa de este álbum conceptual es la de un demencial día en la vida de un enfermo depresivo. Suena muy Pxndx y Green Day, pero lo que separa a la tragedia más lamentable de Titus Andronicus de ser un simple Black Parade retocado es la personalidad –tan agotada como intensa- del protagonista. Como bien lo pone Patrick Stickles en Dimed Out –uno de los singles fuertes de este proyecto-, cada vez que nuestro héroe llora es más un grito, un aullido que llama a levantarse, a golpear más duro.

Sonoramente el álbum podría caer en mil géneros, la influencia de Bruce Springsteen nuevamente es notoria, pero no es el Springsteen triunfal de Born to Run o el Springsteen melancólico de Nebraska. O quizás sí. The Most Lamentable Tragedy bien podría ser todos los Springsteen chocando al mismo tiempo, en cada canción, podrían ser los Pogues haciendo dueto con Neutral Milk Hotel y de pronto Hüsker Dü reinterpretando a Daniel Johnston. Titus Andronicus es, en el fondo, rock bien hecho.

Escuchar un disco tan largo como este podría ser un fastidio, pero en su constante sonora de guitarreo y griterío entran un surtido de ritmos y sorpresitas que de seguro harán valer cada giro que se le dé. Los tracks de más de diez minutos, los coros descomponedores y los pequeños arreglos de cuerdas están ahí por algo, todo está en su lugar y todo funciona a la hora de pintar el retrato de un día triste y agitado. En el fondo nos encontramos con un álbum que aspira alto y agarra mucho. Aprieta, alcanza y triunfa contra el peor de los pronósticos, en el peor de los contextos. Titus Andronicus bate a su tragedia más inminente.

Obviamente, este álbum no es su obra perfecta –si la quiere diríjase al ya mencionado The Monitor-, a ratos lo pretencioso de este disco se puede oler y tocar. La voz de Stickles no es la más agradable del mundo y, por su duración, es bien poco probable encontrarse dándole más de una vuelta al día. Aún así, no es un trabajo que se deba dejar pasar, es quizás el mejor álbum de rock puro de lo que va del año y probablemente se quede en ese lugar lo que nos queda del mismo. No hay que tener miedo de acercarse a este monstruo.

Míticos son por esto, porque cada canción es un mundo y porque en esta veintena de temas nos podemos enrollar y dividir, por separado, juntitos o en secciones. La mitología de Titus Andronicus puede ser a ratos fabricada, basta con ver la saga de temas bajo el título de No Future o las múltiples referencias a inspiraciones recurrentes como lo es la obra de Shakespeare o el imaginario de la guerra civil gringa, pero todo esto no saldría de las pretensiones fáciles si no fuera acompañado por las geniales composiciones punk del grupo. Sobre toda esta furia hay música. Buena música.

Las mejores cosas solo salen del amor, y The Most Lamentable Tragedy tiene amor fluyendo en cada cuerda que se golpea y cada grito desgarrado. Como toda la discografía de Titus Andronicus, su último disco es un canto de aceptación y orgullo por lo que se es, tan grande y tan pequeño como se pueda ser. Aunque te vuelva loco estar despierto, hay algo lindo tras toda esta rabia. No son noventa minutos de enojo vacío, sino que hora y media de introspección y búsqueda, un viaje hecho con cariño y dedicación por dibujar cada detalle de lo que nos hace sentirnos bien con ser unos perdedores, y en ese viaje es que han triunfado.

Matías Sanllehi

Persona contenta.