Owen_The King of Whys

The King of Whys: Owen | Reseña

NOTA7.5
7.5

La reunión de American Football hizo a muchos escarbar entre los rincones más oscuros de su adolescencia en busca de un CD abandonado. Allí, una carcasa trizada en la esquina; allá, un libreto desgastado por el uso después de largas noches bajo la luz de una linterna, leyendo obsesivamente letras y buscándoles (o entregándoles) sentido tras una puerta cerrada. Un sentimiento de paz, y paradójicamente, de nostalgia por el dolor joven.

Owen no es American Football, ni trata capturar de ninguna manera lo que fue American Football para el midwest emo. Es un proyecto con identidad propia, en que los arreglos de guitarra acústica toman el protagonismo, acompañadas por el hilo de voz endeble de Kinsella en su exhaustiva misión por caracterizar las relaciones humanas, con todo lo bello y menos bello que conllevan. Desde su debut como solista, Owen no ha pretendido hacer nada más allá de entregar trabajos honestos con letras a veces llenas de mordacidad, otras veces de sarcasmo, y otras de fragilidad.

En su noveno trabajo long-play bajo el nombre de Owen, Kinsella está más cerca del tradicional género del emo de los años noventa de lo que ha estado en toda su carrera como solista. Aunque su modus operandi se mantiene intacto, The King of Whys tiene ese agarre que ha estado ausente tras At Home With Owen el 2006. Bañado en alcohol, es un producto expertamente calculado, en que no hay tema que no parezca ser el resultado de un proceso lógico de composición que busca maximizar su potencial de manera casi matemática. Con una duración de menos de cuarenta minutos, no hay giros ni grandes sorpresas, no hay desvíos inesperados ni momentos espectaculares; pero sí hay un alto nivel de consistencia y fluidez que no desperdicia un minuto. The King of Whys es una ametralladora de temas sólidos, uno tras otro, hasta que se le acaban las municiones y dignamente deja el campo de batalla, dejando a su audiencia lidiando con las heridas de sus balas.

“Empty Bottle” no es solo un excelente tema de apertura a medida que crece en intensidad, lleno de coraje dentro de la discografía de Owen y con un memorable riff de guitarra, sino que también es una especie de curso introductorio a lo que es Owen cuando es producido por S. Carey, mejor conocido por su trabajo con Justin Vernon en Bon Iver. El toque de Carey es difícil de perder de vista; existe un algo más atmosférico, con cada nota tocando un lugar más profundo. A la vez, es quizás lo que hace sentir a esta placa como más personal, más introspectiva y, finalmente, más destacable. Acompañado por primera vez por una banda completa, las baterías y los bajos toman un protagonismo sin precedentes y que, a diferencia de la transición de otros músicos a un sonido más envolvente, logra tener sentido porque cada instrumento está planificado no para sobrar, sino para extrañarlo si estuviese ausente.

Owen no es para todos. Fanáticos de American Football podrían escuchar la voz de Kinsella e intentar reconocer ese hilo conector, buscando lo que aquella banda alguna vez significó para ellos. Temas como “Settled Down” o la segunda mitad de “Burning Soul” pueden aseverar esa impresión, con desgarradores voces e impecables arreglos de arpegios que dan escalofríos. Sin embargo, crear falsas expectativas en ese sentido es meramente masoquista.

Owen, por su parte, no necesita asirse del mito que dejó atrás en los noventa para diseñar un trabajo difícil de olvidar. Si American Football representa el dolor adolescente, Owen es una versión más madura, quizás menos individualmente sorprendente pero igualmente potente en su capacidad de expresar la soledad y sus consecuencias. Queda por ver qué ocurre cuando Mike Kinsella se deja entregar plenamente al alcohol; cuando el recorrido está menos calculado y da espacio para el error inesperado, pero atesorado; cuando escribe desde el delirio y no desde la retrospectiva. Hasta entonces, tenemos The King of Whys para disfrutar, para pensar, para contemplar, y a ratos, para sanar.

Luis Felipe Basaure

Cuando hace frío, me gusta abrir un paquete de Fracs y sumergirlas lentamente en leche caliente hasta que se deshagan dentro.