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Ha, Ha, He: Mourn | Reseña

Nota9
9

En el cual Mourn se define como la mejor banda de RPD (Rock Propiamente Dicho) de la actualidad aún teniendo todos sus integrantes menos de veintiún años, y en el que Jazz Rodriguez se ve poseída por el descontrolado espíritu de Kim Gordon ofreciendo una de las interpretaciones vocales más salvajes que jamás he escuchado. Esperen… ¿Qué me están diciendo? ¿Qué Kim Gordon aún no murió? Pero entonces Jazz no está siendo poseída por nadie… ¿Cómo se supone que debo interpretar esto, pues? ¿Acaso están tratando de decirme que ella hace lo que hace gracias a su propio talento? ¡Dios santo! Esto es ridículo. No era mentira cuando me decían que los millennials con dieciséis años ya son tan hábiles que van creando sus propias empresas y ganando miles como el más hábil emprendedor. Y algunos se vuelcan a la música y se convierten en maestros de su arte con solo quince años. ¿Saben que hacía yo a los quince años? Me rascaba las pelotas.

Regresando a la seriedad: No estoy ni sorprendido por la falta de buena recepción por parte de la crítica, digo, sí estoy un poco “molesto”, si se le puede decir así, pero definitivamente no estoy sorprendido. Ha pasado tanto tiempo desde que salió un álbum de indie rock realmente sobresaliente que los críticos han perdido la habilidad de reconocer uno cuando lo ven. Robert Christgau, de hecho, ya tiene demencia senil* y se ha convencido a sí mismo que Wussy es el mejor grupo del mundo. Además, una banda catalana de cuatro pendejos que gritan mucho sin hacer nada realmente nuevo… ¿Por qué atraería la atención de la gente? Es cierto, en papel estas doce canciones deben verse un poco genéricas, con sus cualidades características indetectables. Pero la ejecución de las mismas, con estas guitarras angulares, con esta percusión descontrolada, y con esta interpretación vocal tan poderosa, hace a todo cobrar un poco más de sentido.

Las mentes jóvenes son muy maleables y son capaces de mejorar en casi cualquier área con suma facilidad. Menos de dos años separan la grabación de Ha, Ha, He de la del auto-titulado debut, y sin embargo la capacidad compositora de esta gente ha avanzado a pasos agigantados. “Otitis”, la mejor canción de dicho trabajo, no es competencia para los temas de este nuevo disco. Y eso que estamos hablando de una canción que consiguió captar la atención del mundo lo suficiente como para que Pitchfork Media le concediera la distinción de “Best New Track” en 2014. Eso en general es considerado un logro. El resto del álbum era particularmente prometedor, pero quizás levemente inmaduro y no tan logrado como lo es Ha, Ha, He. Era obvio que ni la voz de Carla ni la de Jazz estaban desarrolladas como para alcanzar su máximo potencial, si no que se sentían un poco perdidas entre un mar de descontroladas guitarras.

Un tiempo después, a finales de 2015, el segundo álbum ya estaba terminado de grabar y pronto para salir del horno. Es aquí que ocurrió el caricaturesco percance entre Mourn y su propia discográfica, el cual ha bloqueado el lanzamiento del disco desde entonces. De hecho la misma banda acusó al sello Sones de haber tomado de “rehén” al álbum. Captured Tracks no habría dudado en publicar Ha, Ha, He apenas surgía la opción, pero lamentablemente no fue a ellos a quienes les correspondía tomar la decisión. Es por tal que recién en marzo que se anunció formalmente su lanzamiento.

(El álbum sigue sin poder ser publicado en España, por cierto.)

El primer fragmento de música nos llegó estaba titulado “Evil Dead”. Es abrumador: Después de un pequeño motif de batería entran las guitarras con toda su elegante presencia para dejar en claro que esta es música punk en espíritu. No hay mucho preámbulo, se empieza con lo que se vino a mostrar. No encontrarán pretensión de intelectualidad alguna; no se apela insustanciales discursos como otras agrupaciones de indie rock contemporáneas hacen para ocultar su falta de compromiso con su propio arte. Mejor así: menos charla y más acción. A quince segundos nada más de empezada la canción todo se esfuma en el silencio. Fue hace casi treinta años que Fugazi, en la primera canción de su primer demo, utilizaban el mismo truco de detener todo a los pocos segundos de haberse dado comienzo. Este paralelismo no es accidental: los chicos de Mourn han aprendido de los mejores. Después de dicho segundo de reflexión es que Jazz hace su entrada liberando toda la furia que lleva encerrada.

A partir de ahí la canción es indetenible: Punk oscuro pero juvenil, experimental disonancia que asemeja el sonido de la paranoia pura, rock rítmicamente ecléctico con toques de jazz, un estribillo brutal en la que Jazz y Carla Pérez cantan a la vez las líneas “FEAST ON YOUR SOUL! Feast! ON YOUR SOUL!” con toda la convicción posible, un solo de guitarra hipnotizante y un final tan desconcertante y milimétricamente ejecutado como el ser despertado de la dicha hipnosis. ¡Y son solo dos minutos de música! Esto es ridículo.

Después llegó “Storyteller”. Un brillante trabajo, lleno de cambios dinámicos impecablemente ejecutados, melodías bien arregladas para dos voces, e intrépidos arreglos de bajo. El ritmo al que la canción se va construyendo es fenomenal, y el outro libera toda la tensión de los primeros dos minutos de manera sorprendentemente mecánica. Jazz (¿o será Carla?) repite una y otra vez su línea con tanta insistencia que te ves obligado a tomar con seriedad sus palabras, sean las que sean (Protip: demostrar convicción como esta es admirable, independientemente de que tanto te atraiga el resultado). A “Storyteller” le siguió “Second Sage”, una canción sumamente angular con un tono terrorífico, en la que se presenta, después de un muy acuoso y siniestro riff de guitarra en el estribillo, una melodía que bien podría haberse extraído directamente de una pieza de flamenco, y en este contexto suena GENIAL. Si hay un tema en el álbum que conviene la sensación de estar siendo observado desde cerca en la oscuridad, es este.

Finalmente se reveló un pequeño track de 86 segundos que consistía casi exclusivamente de guitarras aceleradas y gritos ininteligibles. Pareciera a primera vista ser el track más superfluo de los cuatro presentados (y puede no ser el mejor de ellos), pero creo que es el más importante a la hora de comprender por qué este álbum es tan bueno como lo es. Es imprescindible escuchar “Irrational Friend” para poder entender la genialidad de este trabajo. La ejecución de este tema -carajo, ¡la ejecución de estas ideas!- es absolutamente impoluta: Las guitarras son caóticas, peligrosas, mecanizadas, mientras que en contraste las voces de Carla y Jazz son conducidas por pasión pura a no poder más. No se malgasta un solo segundo en esta canción, nunca se pierde inercia, solo se avanza y avanza hasta los épicos chillidos “HAHA! HE! HAHA! HEY!” que dan nombre al disco. Y cuando todo parece estar en su auge, llegan las risas. Por un instante podrían parecer tenebrosas, algo diabólicas, pero rápidamente se revelan como muestras de alivio y jovialidad. Disipan la tensión. Nos recuerdan que el sopor que estamos escuchando es literalmente nada más que el trabajo de cuatro amigos adolescentes que tocan música todas las tardes para divertirse. Y esta idea se conviene de forma tan admirable, tan concernida con el arte propio, qué no deja lugar a dudas: Esto no está “bien”. Esto es increíble.

Y el resto de las canciones se publicaron de golpe el martes de la semana pasada. Justamente el día anterior me había topado con este artículo, el cual hace un buen trabajo en explicar por qué tantos álbumes que he escuchado este año se han visto afectados negativamente por el exceso de material (Sí, Kanye. Te estoy viendo a ti). Supongo que será por eso que Ha, Ha, He se siente tan refrescante. No sé cuando fue la última vez que escuché un álbum que no desperdicia un solo segundo. Presten atención: El tema de apertura, “Flee” (genial a pesar de ser una de las canciones más pobres del álbum) abre con ásperos contrapuntos de guitarra (¡Y bajo! ¡Usen auriculares!) que varían entre consonancia y disonancia de manera casi arbitraria mientras el baterista Antonio Postious golpea con violencia su hi-hat en el lugar preciso. La canción no se dirige a ningún lugar en particular, es nada más que una intro de 90 segundos para definir la pauta general antes de que “Evil Dead” se haga cargo del resto.

Les siguen “Brother Brother”, una adorable pieza de indie rock que en apenas cien segundos desarrolla perfectamente todas las ideas que Yo La Tengo ha intentado musicalizar en su larga carrera, y “Howard”, una acelerada cancionzilla con guitarra crudas y envolventes, y un estribillo más que impecable (¿alguien pensaba que estas canciones no tendrían sensibilidad melódica?). También “The Unexpected” es genial. Después de un oscuro estribillo con un más que firme contrapunto vocal (el cual se siente sorprendentemente jazzero, pero sin ser forzado o sobre-pensado en absoluto) guitarra y batería se sincronizan milimétricamente en un elegante pasaje que desemboca en un outro que ocupa casi toda la segunda mitad de la canción. Y así la guitarra principal lentamente empieza a tomar protagonismo revelando un tono etéreo, casi sobrenatural.

También hay mucha cosa a la que prestar atención en la segunda mitad del disco. Por ejemplo el precioso color de las guitarras en “President Bullshit” y como Jazz canta tan melodiosamente sobre ellas, ofreciendo una de sus interpretaciones más dulces de todo el álbum, para luego en los últimos segundos emitir un chillido que conviene más emoción que álbumes enteros de otras bandas de indie rock actuales. Es imposible entender que es que está diciendo, pero carajo… si es para gritar así tiene que ser algo imponente. Presten atención al modo en que mantiene la larga nota del estribillo de “Fry Me” (hace mucho que no escuchaba a nadie mantener una nota con semejante convicción), así como a los fundamentales arreglos del bajo todo a lo largo del tema. Escuchen cada detalle en la construcción del clímax final, el cuál es la viva imagen del “caos organizado” que Sonic Youth ha ido perfeccionando toda su carrera (solo que aquí está condensado en 40 gloriosos segundos). Todo es genial: los últimos segundos de “I Am a Chicken”, el pre-coro de “Second Sage”, el estribillo de “Irrational Friend”, etc.

Honestamente, no puedo pensar en un solo track de este álbum que sea totalmente superfluo. A lo sumo quizás “Gertrudis, Get Through This”, el cual es una regrabación de un sencillo que lanzaron el año pasado. Es por tanto, supondré, una de las primeras canciones escritas para este álbum y una de las que más se asemeja a los inmaduros temas del debut Mourn. De todas maneras no es un grave problema. No vale la pena ni saltearla. Es una sólida pieza de post-punk.

Encontrar a Mourn en esta situación es fascinante. Este es nada más su segundo álbum, y ya son de los mejores compositores de música rock de la escena actual. El control que demuestran sobre el contrapunto instrumental es el mejor que he escuchado desde…, quizás, Turn on the Bright Lights. Derraman talento a borbotones. Imaginen lo que viene a continuación, los próximos años. ¡Cuánto futuro por delante! Tres de ellos al día de hoy tienen veinte años, y el cuarto integrante es esa quinceañera que toca el bajo como un dios junto a ellos. ¡Tienen mi edad! Yo estoy aquí, esforzándome en Cenit por articular algunos pensamientos musicales, y los chicos de Mourn ya se han convertido en la gente que se dedica a inspirar dichos pensamientos. Lo hacen con dos guitarras, un bajo, y una batería. Con esos mismos recursos es que parten la mayoría de las bandas del mundo, y aún así el resultado se ve sustancialmente diferente. Es la viva prueba de que lo único que se necesita es tener la actitud. Pero claro, no se dejen engañar: uno no crea la actitud de la nada. Lamentablemente uno debe nacer con ella, y aquí se dio el curioso caso en que cuatro inspirados jóvenes con los genes necesarios para llevar a cabo la tarea coincidieron en Barcelona para revivir el espíritu de la generación X. ¡Y lo hacen casi sin esfuerzo! Yo mismo, siendo joven, me siento insignificante ante el hecho que otro ser humano pueda demostrar tanta energía y ganas de salir adelante.

*No sé si tengo que aclararlo, chicos, pero cómo van las cosas hoy en día creo que me veo obligado a hacerlo: esto es solo un chiste. Mucho respeto por  el señor Christgau.