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Give Up: The Postal Service | Elegidos del Casero

A ver, por donde empiezo.

No soy un gran fan de Ben Gibbard, ni de Death Cab for Cutie. Pero si le tengo cierta simpatía a Chris Walla (el ahora ex-guitarrista de aquella banda), que lleva una extraña relación con otra joven agrupación de gran nivel, pero de la cual no escribiré ahora. Eso, para la siguiente ocasión.

En fin, estaba hablando de Ben Gibbard.

Death Cab for Cutie siempre me ha parecido una banda poco inspirada, de álbumes flojos, aguados y cosas así. Nunca le agarré el gusto a Transatlanticism, su álbum más laureado. Serán las guitarras simplonas, los arreglos aburridos o las letras cliché del mismísimo Gibbard. No hay manera. Pero hoy no vine a hablarles de ellos.

Resulta que hace 14 años, un tal Jimmy Tamborello (alias: DNTEL) lanzó su tercer álbum, titulado Life Is Full Of Posibilities, en el cual habían colaboraciones de Rachel Haden, Meredith Figurine, Mia Doi Todd, y, si, Ben Gibbard. La canción en la que colaboraba (en voz y letras) se llamaba “(This Is) The Dream Of Evan and Chan”. Aquella canción fue muy bien recibida en su momento, obteniendo variados remixes, los cuales fueron metidos en un EP del mismo nombre. Gracias a esto, Jimmy y Ben decidieron trabajar juntos en algo más grande.

Así es como nació The Postal Service. Eso sí, recordemos que ellos no eran un dúo, sino que un cuarteto, ya que también se sumó Jenny Lewis para ser vocalista secundaria, otrora vocalista de Rilo Kiley, ahora como solista, y Jen Wood, que tomaría un rol menor dentro del grupo, pero también como vocalista.

De derecha a izquierda: Ben, Jenny y Jimmy. No presente: Jen.

De izquierda a derecha: Ben, Jenny y Jimmy. No presente: Jen.

(Dato de color: Jenny vivía en el mismo complejo de departamentos que habitaba Tamborello).

¿El nombre del grupo? Fácil: los horarios de Ben y Jimmy nunca llegaban a calzar bien para trabajar juntos. Jimmy arregló eso escribiendo, produciendo y arreglando pistas instrumentales para luego enviárselas en cintas digitales a Ben a través del Servicio Postal Estadounidense (United States Postal Service, o USPS para los amigos). En 2003, aquella institución les mandó una carta, acusándolos de infracción de propiedad intelectual, pero aquello no llegaría a mucho, ya que lograron entrar a un acuerdo de beneficio mutuo.

RENDIRSE.

De esta colaboración, salió un pequeño álbum, que pasados 12 años de su lanzamiento, ha cimentado las bases para el indie pop y la indietronica.

Give Up salió al mundo un 19 de febrero de 2003, un año marcado por el fin de la trilogía cinematográfica The Lord of the Rings, el lanzamiento del sexto álbum de Radiohead, Hail to the Thief, o de la transición de Phil Elverum que daba fin a The Microphones, dando paso a Mount Eerie.

Give Up se podría resumir en una simple palabra: estéril. Igual de estéril como el mismo Death Cab for Cutie, pero con unas diferencias, a mi juicio: la producción y el contexto. Este es un álbum que sabe perfectamente lo que es: asume su condición pop y la abraza con fuerza, pero manteniendo ciertos toques de cada integrante: las letras azucaradas y las guitarras bajo perfil de Gibbard, los arreglos electrónicos más minimalistas de Tamborello y las grandes voces de Lewis y Wood. A lo largo de los 44 minutos que dura este LP nos daremos cuenta de cómo las piezas logran encajar como si nada, con melodías que quedarán grabadas en nuestra cabeza por un largo tiempo (o que quizás ya recordemos de otros lugares).

Partimos con “The District Sleeps Alone Tonight”, de tonos melancólicos y monótonos. Y desde el principio nos damos cuenta de algo: la voz tranquila y sencilla de Gibbard logra mezclarse muy bien con la instrumentación electrónica de Tamborello. ¿Las letras? Una simple canción de desamor y separación, pero hay algo que la hace especial, al menos para mi. ¿Escuchan esos “Where I am…” antes de los coros? El trabajo de Jenny Lewis es excepcional acá, y también al reforzar la performance vocal de Gibbard. Además, el instrumental que da final a la canción es brillante, por decir menos.

“And I am finally seeing

Why I was the one worth leaving…”

“Such Great Heights”. Esta es un clásico a estas alturas, y no hay mucho que decir de ella, ya que ha sonado en todos lados y para todo propósito posible. En este caso, la intro con aquellos bleep bloops es mágica, para dar paso a un tempo más elevado, y algo más alegre.

¿Recuerdan que les hablé de las guitarras de Gibbard? Aquí se usan en su justa medida, en un riff que llega a ser anémico, pero que le da cierto empuje al tema. Al final, el defecto se transforma en virtud, o algo así.

Después de aquella gema, les siguen “Sleeping In” y “Nothing Better”. Sobre el primer tema mencionado, admitamoslo, las letras son un poco desastrosas, pero sigue siendo un buen corte gracias a la magia de Jimmy y el apoyo vocal de Jenny. En el segundo, nos encontramos con una intro de toques más ambientales, para luego pasar a una base chiptune, además de tener a Jen Wood con un rol vocal más protagónico (y bastante remarcable, por cierto), en una suerte de confrontación contra Gibbard, entrando de manera triunfal gracias a Tamborello, en lo que básicamente es una letra sobre el término de una relación.

“You’ve allure, I can’t deny

But, you’ve had your chance so say goodbye

Say goodbye.”

Entra “Recycled Air”, una canción bastante simple: las sensaciones que experimenta alguien al volar en avión. En parte se siente que este corte podría haber sido un instrumental sin mayor problema, pero el agregado vocal de Ben lo hace algo por sobre lo normal, algo especial, para luego pasar a “Clark Gable”, que es una suerte de antítesis del tema anterior. No hay mucho más que decir: es mucho más animado, con Jenny prestando su voz como apoyo de manera genial. Veanlo como una transición ante lo que se aproxima.

El par más triste del álbum está acá, y parte con “We Will Become Silhouettes”. No se dejen engañar con la música y el tempo elevado, las letras lo dicen claro: hablamos de un futuro post-apocaliptico, provocado por una bomba nuclear.

“And we become silhouettes when our bodies finally go…”

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En este caso, Ben probablemente se refiera a las siluetas que dejaron las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, y los efectos de la onda expansiva en el entorno, como se aprecia en la imagen de arriba.

Luego pasamos a “This Place Is A Prison”, de toques sonoros apagados, más acordes con el mensaje (y el tono) que aporta Gibbard sobre una especie de distopía, que puede o no, estar pasando hoy en día. Y la batería, bastante básica ayuda a reforzar esa sensación de pesimismo y angustia que aportan los sintetizadores de DNTEL.

Pero parece que el trago más amargo ha pasado, dejándonos con “Brand New Colony”. Una declaración de amor platónico, con todas las propuestas imaginables posibles. Para gusto de este servidor, lo que hace a esta canción tan especial, son sus secciones instrumentales, que le dan una fuerza enorme al dueto que se marca Jenny Lewis con Ben Gibbard.

“Everything will change, oooohhhhhh…”

Aquella mezcla llega a ribetes épicos, hasta que al final la canción va perdiendo fuerza de manera gradual con los toques de guitarra y batería de Ben de manera perfecta. Hay tantos detalles ocultos que es imposible meterlos acá, pero que hacen a este corte una verdadero diamante pop.

Y llegamos al fin con “Natural Anthem”. Sinceramente, siento que este tema sufre de ser un mal cierre. Give Up hubiera cerrado perfectamente con “Brand New Colony” si hubiera cambiado posición con el mencionado anteriormente. Noes un mal tema per sé, pero choca un poco, además de terminar tan abruptamente, dejando una sensación agridulce.

Aún así, aquel pequeño experimento sería un éxito.

DESPUÉS.

Give Up salió con un 79/100 en Metacritic. En octubre de 2012 obtuvo el disco de platino (un millón de unidades vendidas), siendo el segundo álbum de Sub-Pop, su casa discográfica en conseguir aquel logro. Pasados 12 años, aquel LP se ha convertido en un icono de culto para artistas y amantes de la música en general, y quizás por eso, Gibbard y Tamborello decidieron no sacar más material bajo el nombre de The Postal Service.

En 2013, la agrupación volvió fugazmente a la vida para un tour en conmemoración del décimo aniversario de Give Up, además de una reedición del susodicho LP en vinilo y CD con material extra, del cual no voy a hablar, ya que al final son simples demos y descartes como “A Tattered Line of String”, que no sobresalen en lo más mínimo comparados con el material original.

En agosto de 2013, Ben Gibbard anunciara en Twitter que el último show en vivo que haría como Postal Service sería en Chicago, en el festival Lollapalooza, matando definitivamente los rumores sobre un segundo álbum.

Al final, el impacto de Give Up fue inmenso. El indie pop, el electropop y la indietronica tomó un rol más protagónico en la escena músical en general gracias a esta creación. El legado de The Postal Service quedará inmortalizado por siempre en la historia de la música.

Todo cambió, como decía Jenny. Y vaya que fue hermoso.