Matorral-Gabriel

Gabriel: Matorral | Reseña

Nota9
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Cada banda tiene su disco donde destruyen todo lo hecho con anterioridad, y lo rearman bajo una nueva perspectiva. Alguna vez Cerati dijo que su disco más experimental, Dynamo, era tomar su Canción Animal –el trabajo más exitoso de Soda Stereo- y destruirlo e inundado bajo el agua. Bono hizo una declaración de principios parecida cuando lanzó Achtung Baby, su primer LP experimental luego del exitoso The Joshua Tree. Radiohead realizó un statement artístico cuando presentó Kid A, registro alejado a lo que habían hecho hasta ese entonces.

Pues bien, ¿Qué carajos tiene todo esto que ver con lo que hablaré ahora? La respuesta es demasiado sencilla: El nuevo trabajo de Matorral –Gabriel- es exactamente lo que describí. El cuarto LP de la banda chilena es un cambio que, a pesar de no ser tan drástico (Remoto Control del 2013 ya lo anunciaba en su estética), deja con la sensación de una ambición lograda, que puede espantar a unos pocos que creen que el rock debe quedar en las guitarras haciendo riffs pesados, pero que en su mayoría logra acercar a la gente a una nueva forma de hacer música, algo que en Chile no se veía hace mucho.

Gabriel es una hoja en blanco donde se reescribe lo que podríamos llamar “el sonido Matorral”. Adiós a esos riffs sabbathicos llenos de garra de Resonancia en la Zona Central, ahora hay un sonido que aprovecha los silencios, la calma e intensifica cada acorde a través de secuenciadores y samples. Particularmente hay dos factores atribuibles a este gran cambio. Uno, es la inclusión de Antonio del Favero e Italo Arauz a las filas de la banda, quienes le inyectan un nuevo aire a este, ahora, cuarteto. El segundo, y quizás el más importante, son las ganas mismas tanto de Felipe Cadenasso –guitarrista, voz líder y compositor- y compañía de seguir probando cosas nuevas, de ser inquietos en cuanto a lo que proponen.

El primer adelanto, “Boleta de Cambio” ya nos hacía prever que este disco iba por un camino alejado a lo que nos tenían acostumbrados. Trompetas y secuencias de teclado que se entrelazan con una batería precisa, que a simple vista parece en destiempo, pero aun así logra llevar el ritmo de la pieza. Aparte, no hay una sola guitarra, algo peculiar ya en su discografía. “Permanece” presenta a la banda compartiendo las labores de voz líder, algo que funciona a la perfección, debemos decir. “Blanco” es uno de los mejores momentos de Italo Arauz, a pesar de que muchas de las baterías estén aceleradas, y nos recuerda un poco a los momentos en que Phil Selway desataba sus baquetas en el “Videotape” de Radiohead, mientras que “Secuencia” no tiene nada que envidiarle a la banda británica, donde con una letra breve (solo una estrofa, y no estoy bromeando) logra que todo pase en una tonada corta. “Abril” sigue la línea de su disco anterior, donde la guitarra acústica acompaña a un Felipe tranquilo cantando sobre una cantidad de cambios que van sucediendo uno tras otro, en solo dos minutos.

Un punto a destacar es la base rítmica del grupo. Gonzalo Planet e Italo Arauz logran compenetrarse y crean intricados momentos que lucen todo su esplendor. Temas como “Poder Ser” o “Cierto” no serían lo mismo sin ellos. Mientras, Antonio del Favero deja las guitarras del lado y añade cada efecto posible a las canciones, sin atiborrarlas ni cayendo en el deseo de excederse y soltar cualquier rastro de pretensión, algo típico en trabajos de esta índole.

Cada integrante se acomoda a este nuevo estilo. Al contrario de lo que se pudiese pensar, no hay un momento donde todo afloje. Incluso en “Aire”, que parte de una forma algo “chillona” si es que podríamos decirlo, el disco no decae. Y es que cada pieza parece tomada con muchísimo cuidado, para luego colocarla en este intricado rompecabezas, sin dejar nada al azar, y quitando toda tentación de alargar innecesariamente las canciones. Con justa razón es el trabajo más breve de su carrera.

Volviendo un poco al primer párrafo, y haciendo la comparativa, si… Gabriel es tomar Remoto Control, destruirlo, inundarlo, dejarlo secando, descuartizarlo para luego rearmarlo bajo una nueva perspectiva. Más segura y con mayores fortalezas. Si había algún error, el más mínimo que fuese, en su predecesor, este disco lo corrige para lograr un trabajo redondo. La frase “Menos es Más” aplicada en todo su sentido. Si Soda Stereo pudo hacerlo, si U2 lo logró, y si Radiohead revolucionó todo con su intento, Matorral logra lo que estas tres bandas hicieron, replantearse su propia música y rehacer su sonido, creando uno de los mejores discos de su carrera.

Pablo Rojas

Se supone que estudio Periodismo. Al menos eso dice la credencial de mi Universidad... ¡Sabia que debi doblar a la izquierda en Albuquerque! En twitter puedes hallarme como @sr_Alga