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Estación Pirque: Javier Barría | Reseña

Nota8.5
8.5

El olvido y la añoranza. Son dos cosas que se contraponen y que jamás podrías juntarlas.  Y no, no hablamos de cuando la memoria falla, tampoco de querer tapar las cosas y hacer que jamás sucedieron cuando nos referimos a la primera de estas, sino más bien de la sensación de que algo ya no está y no sabes definir qué es. ¿Eso acaso no es la añoranza escritor de pacotilla? Puede ser, pero la añoranza es recordar algo que no está y que sabes que alguna vez existió. Entonces, ¿ambas pueden mezclarse? En una ciudad como Santiago de Chile, se vive en la delgada línea entre ambas, y Javier Barría logra retratar aquello de forma casi perfecta en su más reciente disco: Estación Pirque.

El disco juega con aquel sentimiento, con aquella ciudad llena de fantasmas y de ausencias. Muchos hablan de ello, y es que de verdad puede percibirse a través de las 11 canciones que conforman el disco, y no sólo líricamente, sino que también musicalmente. Aquí percibimos a alguien más maduro y seguro de sí mismo, intentando buscar qué es aquello que no se logra recordar, lo que el paso del tiempo borró de una memoria pero que sientes que allí estuvo, pero dudas de su existencia. ¿Qué es? ¿El amor? ¿La niñez? ¿El tiempo? ¿Cuál es la búsqueda de este hablante lírico? Personalmente prefiero el misterio, es lo que le da la ambientación a temas brillantes como “Campo Quemado” (con la intervención de Felipe Cadenasso en las trompetas) o “Estación Pirque”.

Trato de buscar una excusa para hablar de la instrumentalización separándola del concepto, pero es imposible. Está tan bien construido que no hay como sacar una pieza para darle la autopsia correcta a algo que está lleno de vida. Hay temas donde parece haber un crooner, pero donde Dylan falló estrepitosamente, Barría logra dar una ensoñación con su voz porque no recurre a un cliché de que la nostalgia sólo consiste en revivir géneros musicales de hace medio siglo, sino que debe sentirse a través de recursos poéticos y estéticos. “Instante”, “Mi dulce anomalía” y la potente “Cajitas de agua” (el punto más alto de este trabajo y que cuenta con la colaboración de Natisu) no hacen más que reafirmar la dirección que va tomando este álbum y que con toques algo minimalistas puedes lograr un efecto aun superior al de una banda completa tocando un jazz típico de crooners o relatores que intentan superar la sensación de olvido.

Estación Pirque es un viaje a través de esa línea que definimos al principio. Aquella ciudad de fantasmas como algunos críticos han denominado al lugar que este disco nos lleva es tan real. Se siente cercana y a la vez quiere ser lejana. Barría logra lo que pocos, madurar en una obra sin sonar como aquel viejo que cuenta historias luego de una pésima jubilación, sino que es más bien el hombre común. Un hablante lírico que puede ser cualquiera, pero que pocos se atreven a explorar. El olvido y la añoranza caminan al mismo ritmo, a pasos siniestros… Total, alguna vez tendrían que tener la conversación que debían tener. Este lugar común que acabas de leer, dejo de serlo al parecer…

Pablo Rojas

Se supone que estudio Periodismo. Al menos eso dice la credencial de mi Universidad... ¡Sabia que debi doblar a la izquierda en Albuquerque! En twitter puedes hallarme como @sr_Alga