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Teens of Denial: Car Seat Headrest | Reseña

Nota8
8

Sales lentamente de una fiesta más o menos terrible. La gente que está adentro no se ve tan amigable, virar parece una mejor idea aunque sea tan solo porque no queda nadie reconocible en la calle. No hay temor, pero sí un mar de arrepentimiento. Tambaleas a la parada de buses, tu reproductor portátil aguantará hasta llegar a casa. En ese momento hubiese sido bueno tener este disco.

Teens of Denial es el segundo trabajo de Car Seat Headrest bajo el sello Matador. Will Toledo, la pieza central del proyecto, es un cabro que viene componiendo indie rock sucio y angustioso desde hace ya varios años. El salto de publicar en Bandcamp a uno de los sellos de rock alternativo más icónico se siente como un paso natural al escuchar la música de Toledo, como si entre su habitación y el estudio hubiese apenas un saltito desganado[1].

Se siente así porque quizás la gran labor de Matador fue perpetuar el slackerismo a las futuras generaciones. Porque todavía no estamos tan cansados de los noventas como estamos cansados de todas las otras cosas, porque nadie diría que no a otro disco de Pavement y mientras a Malkmus y amigos no les dé por volver al estudio (no tienen por qué), nos quedará esta joyita, que regurgita y vomita con gracia cada truco del power pop noventero, baila sobre la tumba sintetizada de The Cars y no rejuvenece nada, sino que homenajea todo lo lindo de las joyas del pop guitarreado que va desde Big Star hasta Guided by Voices para llevárselo a las nuevas generaciones.

Teens of Denial tiene varios himnos de noches oscuras y necesarias sesiones de auto-desprecio. “Drunk Drivers/Killer Waves” venía calándose hace rato el puesto que ahora ostenta de quizás la mejor canción de rock de lo que va del 2016. Una muestra de más de seis minutos de cómo construir un tema épico sin ser realmente épico, sin solos virtuosos y con una voz que suena más a disconformidad letárgica y desencanto que al heroísmo que proyecta los grupos que se etiquetan generalmente como “épicos”.

Porque esos seis minutos son aprovechados al máximo, al igual que en casi todo el resto del disco, la voz de Toledo es utilizada de la mejor forma. Acompañando letras geniales, cada inflexión, cada ligero cambio melódico, cada repetición, cada grito y cada armonía van dando una personalidad distinta y una vertiginosidad a esta colección de 12 canciones que tan solo decae en el agotador final de “Unforgiving Girl”, quizás el único exceso del disco, lo que es harto considerando que la mayoría de los tracks se mecen sobre los cinco minutos.

“Cosmic Hero”, por su parte, ejemplifica la genialidad de cada una de las piezas que arman el #sonido de Car Seat Headrest. Todo está en los arreglos de estas canciones, partiendo con unos vientos hermosos seguidos de Toledo cantando con una honestidad penetrante hasta que entran las guitarras y saltamos todos de la mano a ese refrán hecho en el cielo que corona el tema como un potencial hit personal. Hablo de esos hits que tan solo para uno son hits, que suenan a éxito en el corazón, pero en la cabeza uno sabe que son fracasos inminentes en las radioemisoras.

Teens of Denial no le teme a ese fracaso porque jamás lo alcanzará. Porque el dormitorio y el asiento trasero espiritual desde el que canta Toledo es el dormitorio/asiento trasero de nuestros corazones y no lo mata ni un estudio ni un sello grande. No lo mata ni los coros pegajosos ni los sintetizadores. No lo mata nadie más que las malas ideas, y de esas no veo ninguna a varios paraderos de distancia.

[1] Léase como algo bueno.

Matías Sanllehi

Persona contenta.