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Blackstar: David Bowie | Reseña

Nota8
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Hay tres tópicos que se manifiestan en el arte de manera constante: El amor, la locura y la muerte. Ya sea como temores o fantasías, estos aspectos de la vida terrenal han obsesionado al artista en toda la Historia. Ahora bien, ¿ha sucedido alguna vez que el artista haga de la muerte el acto final de una gran obra? Muchos podrían decir que sí. Un ejemplo reciente en nuestros registros fue el lanzamiento de Innuendo, el disco final lanzado por Queen en 1991, meses antes de la muerte de Freddie Mercury, donde muchas de las letras profetizaban su marcha y daban señales de su salud alicaída, pero no era parte de un gran plan. No fue una performance, sino más bien un regalo para los fans y un registro para vender y seguir pasándolo bien a pesar de la tragedia, incluso visto desde la mente del vocalista, a quien el SIDA lo iba destruyendo cada vez más.

Este año fuimos testigos de la culminación de una verdadera obra de arte. Una que lloramos porque su desenlace fue triste e inesperado. Lo que no sabíamos es que era algo armado en más de 18 meses y que comenzó con un compilado de grandes éxitos muy completo, siguió con la grabación en secreto de un álbum monumental, agregándose a esto algunos de los registros audiovisuales más crípticos de la carrera de quien iba armando esto, y que dio termino con el abandono de su alma de este mundo terrenal. Si no adivinó de quien hablamos, se lo diremos enseguida: Es David Robert Jones. Puede que este nombre no te suene, pero si has oído su nombre artístico, David Bowie, responsable de obras de grueso calibre como The Rise and Fall of Ziggy Stardust, Low o “Heroes”.

El año 2013 había vuelto de forma sorpresiva al ruedo con un disco melancólico y nostálgico llamado The Next Day. Un buen trabajo donde cita el sonido de toda su obra. Pero las cosas comenzaron a volverse algo extrañas con la desaparición pública del artista. No habían señales de lo que estaba haciendo y sólo volvimos a saber de él cuando recibimos el compilado Nothing Has Changed, que no sólo contenía algunos temas nuevos, sino que había a lo menos una canción de todos sus discos, repasando su carrera de la misma forma que su anterior álbum de estudio hizo de buena forma.

Nada sospechamos aún, menos cuando nos anunciaron que había otro disco en camino para el 2016. Citando influencias variadas como el rapero Kendrick Lamar, los experimentales Death Grips o los electrónicos Boards of Canada, y componiendo con una banda de músicos de jazz, además de contar con Tony Visconti, uno de sus fieles escuderos en la producción, la cosa venía muy en serio. Pero, ¿por qué esta obsesión de grabar algo tan monumental? ¿Qué significaban esos videos con extraños mensajes sobre la muerte? ¿Ángeles y crucifixiones? ¿Qué sucedía en la mente de Bowie?

Las respuestas comenzaron a develarse con el segundo acto de esta obra de teatro que Bowie había planeado: Blackstar. Un disco que sólo puede describirse como extraño. Analicemos esto sin saber el tercer acto que venía en camino. En general hay canciones realmente notables, por ejemplo la que le da el nombre al álbum, una de las más extensas desde su monumental “Station to Station”, donde notamos una atmosfera sombría, con una letra bastante críptica donde el hablante lírico parece estar trascendiendo a otro plano, pero que sufre un gran cambio en la segunda parte, donde con un ritmo más calmado y electrónico se vuelve mucho más misterioso: “Something happened on the day he died. Spirit rose a metre then stepped aside. Somebody else took his place, and bravely cried: I’m a Blackstar!”

Hay otros momentos donde musicalmente se vuelve todo caótico, pero manteniendo esta atmosfera lúgubre, como el nuevo arreglo de “Tis’ a Pity She Was a Whore”, con un sonido más industrial que evoca su etapa más pesada, aquella que sembró trabajos como Outside 1 (1995) o Earthlings (1997), pero refrescado con secciones de bronce y notables solos de saxo interpretados por Donny McCaslin y también la nueva versión de “Sue (Or in a Season of Crime)” que tuvimos la suerte de oír en su compilado anteriormente mencionado, pero que ahora aparece en una edición más breve, con un caos instrumental que acompaña a un hablante lírico que parece estar abandonando algo. En el otro espectro está “”Dollar Days”, un tema musicalmente débil, donde se destaca un buen solo de saxofón y una secuencia final que se une muy bien con el siguiente track, pero como número individual languidece frente al resto del material, al igual que “Girl Loves Me” que mantiene una línea industrial, pero cuyas letras que citan el idioma inventado por Anthony Burgees para su obra cumbre, A Clockwork Orange, crean una disonancia con el concepto central que parece plantearnos este disco.

Ahora bien, los puntos más altos del disco son “I Can’t Give Everything Away” y “Lazarus”. Dos temas donde el hablante lírico nos indica que este segundo acto es la antesala de algo mayor. En el primero, este nos canta de forma casi agónica, dándolo todo en cada nota que interpreta, con un beat electrónico que recuerda al hip hop de Death Grips, donde las bases sintetizadas y las guitarras abarcan cada capa que envuelven este extraño sentimiento que se intenta reflejar. Mientras, en el segundo número, una pieza jazz con unos beats que citan la influencia de Kendrick Lamar que contiene una de las letras más inspiradas del disco, y una de las más tristes de toda la carrera de Bowie, algo que se ve reflejado inmediatamente en las primeras palabras cantadas: “Look up here, I’m in heaven. I’ve got scars that can’t be seen. I’ve got drama, can’t be stolen. Everybody knows me now”. El hablante lírico nos habla de la muerte, y al parecer dialoga con esta, la que se ve representada por los saxos que van contestando cada verso.

Como un trabajo sacado del gran contexto, Blackstar es un buen disco. Un trabajo destacable y que fácilmente se ubica dentro de lo mejor de la discografía del duque blanco, pero que languidece por su falta de solidez en algunos momentos, lo cual no lo hace merecedor de una nota perfecta, ni menos darle título del álbum del año como algunos quieren candidatearlo. Entonces, ¿Por qué se habla más de este disco? Es bueno, sí, pero ¿supremo? No. ¿Qué pasó? Pues bien, la culminación del tercer acto.

Dos días después del lanzamiento de este disco, que nos regaló el día de su cumpleaños, los medios anunciaban el fallecimiento de David Bowie debido a un cáncer que llevaba arrastrando hace más de 18 meses. Aquel 10 de enero fue trágico, todos quedamos shockeados, y no nos explicábamos si lo que escuchamos era parte de una pesadilla, pero entonces comenzamos a darnos cuenta de algo. Como todo en su vida, Bowie había transformado su propia muerte en una obra de arte. Nothing Has Changed era una retrospectiva de todo lo que había hecho en su carrera, sus canciones, creaciones, colaboraciones, todo. Blackstar era su canto del cisne, el réquiem, una experiencia de comenzar a zanjar todo para abandonar este mundo, mientras que su muerte era el acto final. Ya estaba todo hecho, era hora de irse y trascender.

Bowie transformó su propia muerte en una obra de teatro, y al parecer no sólo compuso un réquiem, sino que intentó pasar la batuta a una nueva generación. Una generación que debía comenzar a hacer bien las cosas, o que ya había estado marcando hitos en una nueva época. Cuando citó a Lamar como una de sus influencias, nos dimos cuenta que era uno de los que había recibido el testimonio para seguir esa larga maratón que llamamos vida terrenal. El arte sigue, aunque el artista muera, y esta generación debía seguirla.

Si separamos a Blackstar de esta gran obra de tres actos, tenemos sólo un buen disco más. Pero con los videos, sobre todo “Lazarus”, todo lo lanzado posterior a su regreso (quizás The Next Day  era el prólogo para este gran montaje escénico), el disco y la muerte es una gran obra que es digna de estudiarse y analizarse. Bowie logró lo que quizás nadie pudo, ni siquiera Freddie Mercury: Convertir el ocaso y la muerte en su obra maestra.

Pablo Rojas

Se supone que estudio Periodismo. Al menos eso dice la credencial de mi Universidad... ¡Sabia que debi doblar a la izquierda en Albuquerque! En twitter puedes hallarme como @sr_Alga